El fideicomiso inmobiliario es un contrato de fideicomiso bancario mediante el cual un banco mexicano sostiene el título de una propiedad en la zona restringida (a 50 km de la costa) en beneficio de un comprador extranjero, quien conserva todos los derechos de dueño: usar, rentar, remodelar, vender y heredar. Se renueva en plazos de 50 años.
En la práctica
En una compra en Tulum, el fideicomiso lo constituye la notaría al momento del cierre: el banco (fiduciario) aparece como titular, el comprador extranjero como fideicomisario (beneficiario). No es una renta ni una concesión — el beneficiario decide todo sobre la propiedad, la vende cuando quiere y nombra sustitutos para heredarla sin juicio sucesorio. Es la figura estándar desde la ley de inversión extranjera de 1973 (actualizada en 1993).
Costos típicos: la constitución ronda los $1,000 USD (varía por banco) más una anualidad bancaria de $500–700 USD. Un comprador mexicano no lo necesita: escritura directa.
Cuidado con
Quien te diga que el fideicomiso "no es ser dueño de verdad" está repitiendo el mito más viejo del mercado. El riesgo real está en otra parte: comprar tierra que no puede escriturarse — como un terreno ejidal — donde ningún fideicomiso te salva.
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